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En la vegetación de esta zona destaca especialmente la Sabina (Juniperus Thurifera). Más de 30 hectáreas de sabina incluidas en el Plan de Espacios Naturales y próximamente declaradas como Reserva Natural del Sabinar de Calañatañazor.

 

EL ENTORNO

   La geología de esta comarca es de una gran riqueza; está constituida fundamentalmente por calizas pertenecientes al cretácico, que se han ido sedimentando en un ambiente marino.

   Sobre ella se asientan formaciones de naturaleza continental pertenecientes al terciario. Ambos se plegaron en la orogenia Alpina. Con la Orogenia Alpina surgieron pliegues (anticlinales y sinclinales), ligeramente asimétricos, de inclinación suave, dispuestos paralelamente. No existe fractura importante. Aparece alguna falla de pequeña longitud y diaclosamiento normal en las calizas.

  

   Los sedimentos del Mioceno se depositaron sobre las formas anteriores, rellenando las cuencas hasta llenarlos. En el cuaternario los ríos modelan las formas de relieve. En las épocas interglaciares, los ríos de gran caudal, se encajan en el roquedo abriendo valles y cañones produciendo la actual sedimentación de las vegas.

FLORA Y FAUNA

   En cuanto a árboles, importancia tienen, a parte de la Sabina sobre la que más adelante hablaremos, el pinar de pinus pinaster, pinus sylvestris y pinus nigra, el encinar y el roble melojo.

   En el matorral destacan las comunidades de sabina albar y enebro, estepa, espliego, cantueso, tomillo, mejorana, brezo, boj, etc. Hay que mencionar además los pequeños pastizales, la estepa cerealista originada a costa de roturaciones de sabinares y encinares y las huertas cercanas a corrientes fluviales.

   También los ríos que recorren la comarca dan lugar al “bosque de ribera”, donde los chopos, el sauce o mimbrera, la olorosa menta, enea, etc., hacen más agradable el pasearlos.

  
El entorno de Calatañazor es idóneo para el
hábitat de mamíferos como el corzo o el jabalí

   Para los mamíferos es un buen hogar, pues la espesura del monte les brinda un protegido refugio. Es el caso del corzo, jabalí, zorro, gato montes, tejón, comadreja, etc. y los micromamíferos como los topillos, musarañas, ratones, etc. Sus huellas, excrementos y restos de comida los delatan.

   En Calatañazor, el roquedo facilita la presencia de grandes aves que encuentran en él espacio para nidificar. Es el caso de algunas rapaces diurnas, como el buitre leonado, el águila real, el halcón peregrino, alimoche, etc.

   Las rapaces nocturnas también encuentran muy confortable la comarca como: el búho real, lechuza, mochuelo, autillo, etc. se alimentan fundamentalmente de mamíferos y de aves de pequeño y mediano tamaño.

   Los cérvidos, son un grupo de aves bien representadas en la comarca, como el cuervo, cornejas, urracas, chovas, grajillas, arrendajos, rabilargos. Algunas de estas especies aprovechan las ruinas del castillo para nidificar en él. También, es frecuente ver aves insectívoras como el avión roquero, golondrina, etc. cazando mientras vuelan por las laderas rocosas.

   El mirlo acuático y las lavanderas boyera y cascadeña los capturan en las riberas de los ríos. Es frecuente oír en primavera y verano al ruiseñor cantando toda la noche, sobre todo en época de cría.

   Los reptiles encuentran en este entorno un medio ideal, diferentes especies de lagartijas, lagartos y culebras hallan entre las hendiduras de las rocas, refugio donde permanecer aletargadas los días fríos de invierno. Los anfibios representados por distintas especies de ranas, sapos y tritones.

   Entre los peces se encuentra la trucha común, barbos, carpas, etc. También se puede encontrar la trucha arco iris que ha sido introducida por el hombre para su pesca deportiva.

   Los invertebrados son, sin duda, la clase de animales más abundante; aquí sólo citaremos algunos de ellos, como la mariposa apolo y la mariposa vanessa. En las charcas, existe un animal diminuto, antiquísimo y casi transparente, llamado tanimaxtis stagmalis, en ríos, estanques y charcas habita el ditisco, que se alimenta de otros invertebrados.

   Como vemos, la vida animal y vegetal coloniza prácticamente este medio, estableciendo estrechas relaciones entre las diferentes especies que permiten guardar un equilibrio entre ellos y garantizar así su supervivencia.

EL CAÑÓN DEL RÍO LOBOS

   Profundo cañón calizo formado por una antigua e intensa erosión fluvial del río Lobos. Se sitúa en las sierras de pie de monte que separan las estribaciones de la Cordillera Ibérica y la alta meseta del Duero. El río se encajona desde Burgos y continúa horadando las calizas cretácicas en Soria recorriendo más de 25 km.

   Este espacio natural fue declarado Parque Natural en 1985 y comprende una superficie de 9580 has.

  
Ermita templaria de San Bartolo

   La formación más espectacular es el propio Cañón fruto de la doble acción erosiva, de desgaste y, sobre todo, de disolución de la roca por el agua, siendo más vivo el hundimiento del lecho al ceder las grutas subterráneas, por lo que aparecen las típicas zonas cóncavas o lermas en los flancos del cañón, que además son muy vistosas por los teñidos de óxidos y aguas que escurren.

LA LAGUNA NEGRA

   Desde Vinuesa y cogiendo la carretera que sale hacia el puerto de Santa Inés, a 7 kilómetros hay que desviarse a la izquierda, por lo que conviene estar atentos. Desde aquí en 11 kilómetros se llega al aparcamiento. Hay que circular con precaución ya que la carretera, aparte de las curvas y desniveles, se encuentra en mal estado. Al fin de la carretera hay una pista forestal que termina en el estacionamiento. Desde este punto hasta la laguna, solo restan 500 metros que hay que hacer andando.

   
Vista de la misteriosa Laguna Negra

   El camino es amplio y bien marcado por las numerosas visitas, por lo que no hay pérdida posible. Tras coronar el último repecho se ve la laguna. Escondida en una fosa y protegida por pétreos contrafuertes verticales, presenta aguas verdosas pero aptas para el baño.

   Si se continúa andando por el borde de la laguna, hacia la izquierda, sale una senda que sube a los paredones de la margen oeste, con algunas zonas un poco difíciles de subir. Una vez arriba, la ruta se hace sin esfuerzo, con magníficas vistas de la laguna y pinares de alrededor. Por la margen oriental, prosigue la senda de bajada en la que hay que tener cuidado de no perderse, ya que por otro sitio habría que sortear numerosos obstáculos. Llegados, de nuevo, al nivel del agua encontramos otra vez la senda bien marcada que nos devuelve al punto de partida. Todo el recorrido puede efectuarse a pie, en hora y media aproximadamente.

LA FUENTONA

   Pequeña laguna desde donde el lecho del río mantiene una horizontalidad y una inusual transparencia en sus aguas. Mana a los pies de unas potentes masas calizas, rodeadas, cubiertas por sabinas, pino negral y chopo, además de las plantas propiamente acuáticas.

  
La Fuentona, en Muriel de la Fuente

   Todo su entorno está protegido, tanto por su belleza como por su gran valor natural; las amenazas en estos tiempos podrían llegar desde cualquier iniciativa que provocarían la erosión y el deterioro.

Muriel de la Fuente. Río Abión

   Las diez de la mañana es la mejor hora para contemplar el líquido fondo de la laguna así como las truchas que pueblan el río, sobre todo bajo la pasarela que lo atraviesa, y en el paraje "Pozo Peñandía".

   Aguas abajo del nacimiento, en la margen izquierda, el Abioncillo asume el aporte de las aguas de la "fuente de la Calabaza": tres grandes chorros, de regular caudal, que desaguan a unos dos metros del cauce, y que drena, como la de "La Fuentona" y "El Cura", el agua que se acumula en todos los materiales calizos del entorno.

EL SABINAR DE CALATAÑAZOR

    Las comunidades de vegetación que habitan en esta Zona, son principalmente arbóreas, destacando sobre todos ellos La Sabina (Juniperus Thurifera).  El sabinar de Calatañazor de 30 hectáreas ha merecido su inclusión en el Plan de Espacios naturales y su futura declaración como Reserva Natural del Sabinar de Calatañazor.

   La Sabina Albar es un árbol cupresáceo adaptado al frió y a la aridez. Esta especie, en peligro de extinción, reliquia de la Era Terciaria, ha sido objeto de intenso castigo por las roturaciones, los incendios, las talas para leña y madera, etc, de ahí la importancia de este bosque bien conservado donde las Sabinas han alcanzado alturas comprendidas entre los 15 y los 18 metros.

  
El Sabinar de Calatañazor

PATRIMONIO HISTÓRICO-ARTÍSTICO

EL BURGO DE OSMA

Primero fue la celtíbera y romana Uxama del cerro Castro, luego la medieval Osma y después la recoleta y eclesiástica villa episcopal de El Burgo de Osma, surgida con la restauración de la diócesis de Osma y la construcción de la catedral primitiva y románica, en el año 1101.

La catedral gótica sería el eje central a partir de la cual se expandiría el casco urbano gremial de El Burgo de Osma hasta que comenzaron a edificarse, extramuros, el arrabal de la Plaza de los Cacharros o de Sto. Domingo. de Guzmán y la Universidad de Santa Catalina en el s. XVI, además del Hospital de San Agustín a finales del XVII. La Plaza Mayor se configuraría plenamente casi cien años más tarde, pasando a ser ésta el nuevo foco central de El Burgo de Osma en su crecimiento urbanístico.

El Burgo de Osma, declarada Villa de Interés Turístico en 1962, debe su valioso patrimonio histórico-artístico al Cabildo y a los obispos, como sucede, por ejemplo, con Sigüenza, y señorío fue del obispo oxomense hasta el siglo XVIII. Los obispos mecenas que mayor relieve tuvieron fueron San Pedro de Osma (Pierre de Bourges) en la génesis de la catedral románica; Juan Díaz, impulsor de la catedral gótica; Pedro de Acosta, en el renacimiento burgense; Arévalo y Torres durante el barroco, y Joaquín Eleta en la etapa neoclásica. Sus escudos, y los de otros mitrados, se esparcen por la catedral y toda la villa.

SAN ESTEBAN DE GORMAZ

El viajero que llega a San Esteban de Gormaz contempla, desde la distancia, una corona de piedra muy arruinada que ensalza las sienes de un cerro. Ya más cerca, advierte que el altivo serrijón alberga en su ladera sur un grupo de bodegas excavadas en la tierra, dos siluetas de iglesia de las más tempranas de Castilla y un fulgor de tejas apretadas. Si viene de Ayllón, convendrá que, antes de cruzar el Duero, se detenga un instante. La fronda vegetal de los chopos ribereños crea una tupida celosía que le impedirá discernir con exactitud los elementos.

Es el momento de mirar al río y examinar el puente. Baja el caudal muy galán y bravío, con deseos de perseguir las ninfas de ribera y de encontrar otra vez aquellas aplicadas lavanderas que, con ojos llenos de amor, alcanzó a ver Cela en su libro Judíos, moros y cristianos. Lleva el agua tanta energía juvenil que se deshace en multitud de brazos -y de abrazos- para abarcar la longitud de un puente casi interminable. De él se dice que sus fundamentos son romanos y que, ya en el medievo y basándose en tan sólidos principios, se terminó de dar forma a los 16 ojos. Las últimas obras relevantes (apartaderos triangulares y semicirculares) se acabaron en 1910, año en el que ya no aparece sobre el puente la silueta de una torre que albergaba la imagen de la Virgen de la Cántara. El río, que llega a San Esteban con incipiente vocación de hortelanías, pasa con notable fragor bajo las piedras, o más bien, huye ruidosamente de ellas.

EL CASTILLO DE GORMAZ

Durante la etapa celtibérica, Gormaz, junto con Uxama, desempeñaban un papel importante en las guerras con Roma debido a su situación en el paso hacia territorios vacceos. Tras un periodo de tiempo entre el final del Imperio y la llegada de los musulmanes, la zona cobra una importancia estratégica de primer orden, siendo Gormaz la plaza preeminente, por ser bastión defensivo de los musulmanes en la frontera del Duero.

La primera ocupación del cerro de Gormaz se debe a pequeños grupos ganaderos de la Edad del Bronce. Algunos restos romanos y visigodos nos señalan la continuidad del poblamiento, pero es con la llegada de los musulmanes cuando el cerro de Gormaz cobra el carácter de fortaleza que hoy refleja.

En el siglo IX los musulmanes construyeron un pequeño castillo en el lado noroeste del cerro, uno de los primeros asentamientos en la provincia. El acoso de los reinos cristianos al norte del Duero ocupando importantes plazas, provoca el reforzamiento de las fronteras, con la construcción del castillo que hoy conocemos.

Fue mandada edificar por Al-Haquem II a finales del siglo X como centro militar de apoyo a Medinaceli, capital entonces de la Frontera Media musulmana. Por sus excelentes condiciones de visibilidad y su situación estratégica, controlando una de las rutas de acceso hacia el norte, su posesión se hacía indispensable para mantener las importantes plazas de esta zona, siendo tomada por ambos bandos en multitud de ocasiones hasta su posesión definitiva por Fernando I en el año 1059. Con los Reyes católicos (siglo XV), pierde su carácter militar y pasa a ser utilizada como cárcel.

TIERMES

 Al pie de la Sierra Pela, en un paraje en el que el páramo reverdece en los valles y el paisaje se corta por profundos tajos, surge, como una aparición, el Yacimiento Arqueológico de Tiermes. Zona de intensa actividad humana desde la Edad de Bronce, destacan especialmente tres espacios cronológico-culturales: la etapa celtibérica, el mundo romano y la fase medieval.

Tiermes fue uno de los más importantes puntos de resistencia a la dominación romana, junto a Uxama y Numancia. Esta ciudad celtíbera se levantó excavando en sus entrañas rocosas. El resultado fue un complejo urbano pétreo en el que las viviendas se apiñaban unas encimas de otras, unidas por rampas escalonadas. Una vez sometida por los romanos en el año 98 a.C., dejaron su huella aprovechando de igual manera las cualidades de la roca blanda. De esta época ha quedado la mayor cantidad de vestigios arquitectónicos entre los que destaca un impresionante acueducto labrado en la roca con un tramo de 150 m. de galería subterránea, con pozos cilíndricos de hasta 14 m. de profundidad, espaciados cada 35 m. que dan por una claraboya a la parte superior del Yacimiento. Entre otras muchas cosas, el yacimiento arqueológico de Tiermes cuenta con una interesante gradería rupestre que pudo ser teatro, templo celtíbero o lugar de reunión. Cerca del Yacimiento, en el área de Carratiermes, se halla una necrópolis de incineración con estructuras funerarias celtibéricas e incluso protoceltibéricas, pertenecientes a la Edad de Bronce, anteriores al IV a.C. Alejado del conjunto del yacimiento, junto a un tramo de calzada entre el Museo y Valderromán, se encuentra otra necrópolis rupestre con más de 40 enterramientos excavados en la roca que datan del S. IX al XI. Junto a Montejo de Tiermes, aún subsiste una fuente romana. En el Museo de Tiermes se pueden obtener una información completa sobre el yacimiento.

LA DESPOBLACIÓN

   En el interior de España, oculta entre montañas, se encuentra una de las provincias más despobladas de Europa, la provincia de Soria, y dentro de esta, Calatañazor, con una población de hecho de 30 habitantes, de los cuales el 80% están jubilados, cuya población infantil alcanza la escalofriante cifra de dos niños.

   Este pueblo sufrió la marcha lenta pero inexorable de sus gentes, la vida urbana atrajo a sus habitantes, que al partir abandonaron casa, tierras, oficios, costumbres, folklore y paisaje.

   El pueblo va quedando abandonado al silencio de los montes, los bosques van invadiendo de nuevo tierras que mucho antes, con tanto esfuerzo, los hombres habían arrebatado a la naturaleza. Los ríos que cruzan la comarca van socavando las orillas sin que ya nadie trate de defenderlos a su avance.

   Desgraciadamente, todo este mundo, todo este universo de tradiciones, costumbres, valores y símbolos milenarios se resquebraja sin remedio. En los albores del año 2000 la crisis, el cambio, son los conceptos de moda, y ante sus embates las estructuras sociales, las viejas raíces, se tambalean.

   El mundo rural avanza a galope, tendiendo a la concentración humana en ciudades y zonas superpobladas, así hacía el año 2000, cuando en España verosímilmente se podrá contar con 45 millones de habitantes, el 80% vivirán en ciudades, es decir 36 millones.

   La gente del medio rural, abandonan las posibilidades de desarrollar una vida mínimamente digna con los recursos del campo, familias enteras lo abandonan atraidos por el espejismo de la ciudad. En la práctica, el mísero destino de esas gentes no suelo mejorar demasiado, ya que casi siempre pasan a engrosar los cinturones de pobreza que hoy forman parte del paisaje urbano.

   La intervención que pretendemos hacer potenciando el turismo rural en esta zona, es ayudar a paliar la emigración que ha despoblado los campos, nutrir e innovar los recursos y manantiales existentes en la comarca, creados en un pasado más boyante, por sucesivas generaciones de hombres y que hoy parece que se van extenuando lentamente.

   Sólo el futuro se encargará de desvelamos el destino de estos paisajes y sus habitantes.

En esta sección se ha utilizado información hallada en www.tierrasdelcid.es y www.soria-goig.com

 

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